domingo, 3 de julio de 2022

EJERCICIO 2B Andrea Sanz

 LA HORA DE LOS JUGUETES

¿Qué pasaría si tus juguetes cobraran vida por la noche?  


A Tito, su amigo Luis, le asegura que sus juguetes, por las noches, cobran vida. Quiere comprobar si con los suyos pasa lo mismo.

Sin que su madre le viera, ha guardado las sobras de la cafetera del desayuno, de la comida y de la merienda. Por suerte su padre no llegó hasta la hora de la cena, con lo cual ha sobrado muchísimo café de la merienda. Lo ha ido guardando en un bote de cristal vacío, de los que su madre guarda en la despensa.

Antes de la cena, le añade mucho azúcar, y lo toma poco a poco. Está asqueroso, pero sorbito a sorbito, se lo termina. Está dispuesto a todo para no dormirse.

A pesar de no tener nada de sueño, no protesta cuando su madre le manda a la cama. El café funciona de verdad, lleva mucho rato a oscuras, esperando, y no se le cierran los ojos. De hecho, está un poco harto, se aburre y piensa que no va a merecer la pena tanta espera, pero no puede dormirse.

De pronto escucha unas levísimas pisadas, como un suave trote que para bruscamente con un ruido y un relincho que recuerda un quejido. A punto de encender la luz para ver qué ha pasado, Tito escucha el ruido de un tren, pero en unos segundos el run run monótono se transforma en un estrepitoso ruido de choques metálicos entre los que se distinguen algunas voces llorando. Aunque no ha encendido ninguna luz, sus ojos, acostumbrados a la oscuridad, tienen bastante con la claridad de la luna que entra por la ventana para distinguir todo lo que está pasando a su alrededor. Se incorpora despacio y observa que su unicornio, que se había quedado tirado en el suelo detrás de la puerta, se había levantado y, al trotar hacia su establo, había tropezado con las vías del tren, que no estaban recogidas, y se había caído. Lloraba porque se había roto la punta de su cuerno al tropezar con un camión tirado al otro lado de las vías.

Pero el verdadero lío estaba formado alrededor de su tren. Se había puesto en marcha, pero, como las vías estaban desmontadas y esparcidas por el suelo, pronto se quedó sin vía y descarriló. Al volcar, cayó encima de algunos Click de Famovil que se habían quedado sin recoger y , a juzgar por lo que lloraban, debía dolerles una barbaridad.

El resto de los juguetes estaban asustados porque ninguno se movió de su sitio.

Tito encendió la luz y recogió todo el desastre. Cada juguete fue perfectamente colocado en el lugar que le correspondía, salvo el unicornio,

al que acostó en su cama hasta que, mañana, le pegara el cuerno.

Abrazado a su unicornio, mientras le acariciaba la zona herida, a uno se le pasó el dolor y al otro le vino, por fin, el sueño.

Al día siguiente, en el desayuno, su madre le preguntó:


  —Tito, ¿te pasaba algo anoche? Me pareció oír ruidos en tu habitación muy tarde.


  —No, nada. Es que se me había olvidado recoger mi habitación. Pero no te preocupes, mamá, no se me volverá a olvidar.


  —¡Uy, Ramón, acércame el termómetro, por favor!

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