lunes, 18 de julio de 2022

Ejercico 4 Purificación Mallen

 EL GORRION GORRIPATUS


Gorripatus era un gorrión que vivía en el norte de Cáceres. Su familia vivía en la comarca desde tiempos de los romanos. Allí todos los gorriones eran felices comiendo lombrices. Les encantaba echarse carreras, hacer piruetas y comer cerezas y picotas.

Un día, Don Gregorio, el dueño de los campos de cerezos de Trigollar del Jerte, le dijo al encargado:

—Estoy harto de que los gorriones picoteen todas mis cerezas. Vamos a poner una inmensa red sobre mis campos. Los gorriones que queden dentro podrán quedarse, pero los que queden fuera, no sé qué será de ellos, no me importa.

—Lo que usted mande Don Gregorio — respondió triste Don Manuel, el encargado, que era amigo de muchos gorriones—. Pero la familia Gorripatus lleva viviendo en estas tierras desde antes que nosotros, no sabemos qué será de ellos.

—No me importa nada. Solo sé que los gorriones destrozan mi cosecha y mi economía dejan maltrecha.

Don Manuel puso la red y el gorrión Gorripatus quedó fuera y, aunque mejor que en la sartén, quedó aislado de su familia. Pasó días merodeando la finca, pero sus patas quedaban enganchadas en la red y algunos amigos lo ayudaban. Poco a poco, quedó solo pues todos se buscaron otros lugares donde vivir. Llorando, su madre le suplicó que se fuera pues no podría sobrevivir solo y además podría quedar atrapado en la red.

—Gorripatus, está claro que te tienes que marchar, deja ya de merodear.

—¿A dónde voy, mamá?

—Vuela hacia el sur, hacia Sevilla, ciudad preciosa y querida.

Así fue como “Gorri”, empezó su viaje hacia Sevilla.

Llegó hambriento y muy cansado tras muchos días volando casi sin parar. Sobrevoló el río Guadalquivir, se paró en la Giralda y en la Torre del Oro. ¡Qué ciudad tan bonita! pensaba, mientras sus tripas sonaban.

Cada vez que iba a comer algo, aparecía un pájaro multicolor que se lo impedía. Eran pájaros que él no conocía, que no había en el valle del Jerte.

—Este mosquito es mío— le decía el pájaro de plumas verdes riéndose.

—Esta lombriz, es para mí —le gritaba el pájaro de plumas naranjas y violetas.

El hambre lo acompañaba y decidió alejarse de los grandes edificios y volar hacia las afueras de la ciudad. Se acercó a un edificio motivado por un olor que le era familiar. Cuando llegó a sus muros vio que dentro del jardín había dos cerezos. Llorando se posó en una rama. Sus lágrimas caían encima de una flor que pensó que llovía. Cuando la flor lo vio empezó a hablar con Gorripatus que le contó todo lo que había sucedido.

—Aquí puedes quedarte y tengo la solución. Esta mañana he escuchado a fray Perico quejarse de picaduras de un mosquito. Podrás quedarte en su ventana y cuidar de que no entre ningún mosquito.

Así fue como Gorri quedó encargado de que a través de la ventana de fray Perico no entrara ningún insecto. También ayudaba a fray Anselmo a sembrar habichuelas y a fray Torcuato a hacer nudos en los paquetes.

Los domingos cogía a su amiga Blanquita, la flor del cerezo que lo había ayudado y le enseñaba la ciudad. Algunos domingos iban a ver los partidos de fútbol que se los retransmitían a los frailes, otros comían en las terrazas de los bares, otros, subían a los tejados de la catedral.

Gorripatus y la flor se hicieron famosos y todos los pájaros multicolores lo respetaban y querían ser amigos suyos, pero él siguió en el monasterio montando guardia en la ventana de fray Perico para que no le picaran los mosquitos.  


EJERCICIO 4 – JUANA - CUENTO A PARTIR DE LA ILUSTRACIÓN DE TAMARA KADOURA.

 

EJERCICIO 4 – CUENTO A PARTIR DE LA ILUSTRACIÓN DE TAMARA KADOURA.

 

En un pasado muy remoto, sucedió en Japón, que en una pequeña granja nació un pollito singular. Era un pollito amarillo como los demás, pero en lo alto de la cabeza lucía un plumaje tocado por el rayo del sol. Tan amarillo como el oro, tan brillante como el diamante, y con un fulgor más intenso que la primera luz al alborear.  Donde iba el pollito, no hacía falta encender ningún farol, pues con su presencia iluminaba hasta el último rincón. Para dormir, tenía que esconder la cabeza bajo el ala y así no molestar a los demás. El pollito era famoso, pero él no estaba contento porque lo que él quería era volar y conocer otros mundos. Pensaba que si se quedaba en su granja no conocería eso tan misterioso que los humanos llaman felicidad, su ikigai.

 

Así que, jornada tras jornada, se empleaba en subir al travesaño del tejado del pajar o al palo más alto del gallinero, no por soberbia, sino para probar sus alas y entrenarse para el gran vuelo que quería emprender. Pero pasaban los días y no avanzaba gran cosa. Apenas conseguía planear y caer suavemente sobre el suelo. Pero volar, lo que se dice volar, eso no lo conseguía. Así que el pollito languidecía entre su empeño y su pena.

 

Un buen día, pasó por delante del gallinero un jardinero con un gran rastrillo al hombro y un carro cargado de paja hasta los topes. Cuando vio al pollito tan amarillito, le saludó:

-        Hola, pollito amarillito. Tu color es tan potente como los rayos del sol. Eso es un gran poder.

-        Sí. Pero no me sirve para volar -respondió mohíno el pollito.

-        Si tú quieres, yo te podría ayudar. Pero, eso sí, dejarías de ser amarillito.

-        ¿Y cómo podría ser?

-        En este carromato lleno de paja llevo una rama milagrosa de cerezo en flor.  Si consigues rescatarla antes de que se marchiten sus pétalos, podrás volar con ella hasta el sol.

-        Eso sería el sueño de mi vida -respondió encandilado el pollito amarillito- Eso sí sería mi ikigai.

-        Pero no olvides que dejarás de ser pollito amarillito.

-        Yo lo que quiero es volar.

 

Y dando saltitos, se metió decidido entre la paja del carromato. No tardó mucho en volver a salir con la ramita en flor en el pico y sin parar un segundo se fue volando, volando, volando, hasta llegar al disco solar que alumbraba la tierra del jardinero. Era un sol desdibujado, un sol que se desvanecía por los costados.

 

Cuando llegó a su altura, el sol le saludó encantado de verlo llegar.

 

-        Hola pollito amarillito. Gracias por venir y traerme la rama del cerezo en flor que me sanará. ¿Me ayudarás?

El pollito amarillito, sin soltar la rama del pico, asintió.

El sol siguió hablando y le dijo así:

-        Antes, has de saber que, si me ayudas, ya nunca más serás el pollito amarillito. Eso sí, podrás volar por ti mismo como un gorrioncillo de campo o de ciudad.

El pollito amarillito, sin soltar la rama del pico, por segunda vez asintió.

-        Todavía hay otra condición que no te gustará. Si la aceptas, te diré lo que harás. La condición es que sólo vivirás un año más. Conocerás a tu gorrioncilla y criarás. Y dentro de un año repetirás este viaje con un nuevo brote en flor. Pero ya no volverás.

El pollito amarillito, sin soltar la rama del pico, por tercera vez asintió, aunque esta vez una lágrima se le deslizó hasta el pico.

-        Pequeño pollito amarillito pronto serás un pequeño gorrión. Pero te prometo que, cada vez que llegue la lluvia de los pétalos, se oirá una canción en tu honor.

El sol siguió hablando amorosamente al pollito que se iba a volver gorrión. Le contó que un genio malvado había incendiado el valle del jardinero y que el humo le estaba ahogando, dejándole sin su fulgor. Sólo un pájaro singular como el pollito con su luz y su decisión de volar habría podido rescatar la rama de cerezo en flor.  Ahora el pollito debía trazar un anillo de nieve, un círculo polar a modo de cortafuegos en el centro del sol con la rama en flor. El sol se quedaría con la luz del crespón del pollito y éste regresaría a la tierra como gorrión. El sol ya encendido, y con el ritual de vida de la flor, evitaría desvanecerse para siempre.  

Desde entonces, se cuenta en Japón que, cuando los cerezos florecen y llega la lluvia de pétalos se oye un rumor que susurra “mono no aware”. Y las jóvenes tejen en sus kimonos gorriones y cerezos en flor; y los jóvenes adornan sus escudos con la misma imagen y la misma leyenda “mono no aware, ama hoy, vive ahora”. Y todos creen en Japón que es un buen auspicio tener un gorrioncillo pintado en papel de arroz.

EJERCICIO 3A2. (…) LENGUAJE EN LA LITERATURA INFANTIL: DOS LIMMERICKS – ANTONIO GALLOSO

 DOS LIMMERICKS

Por Antonio Galloso


LIMMERICK Nº 1:

Érase una cabra loca montesa

que respondía al nombre de Vanesa.

Soltaba chocolate

y dulce piñonate:

por eso el pueblo la nombró condesa.


LIMMERICK Nº 2:

La pata Pita quería casarse,

pero costaba mucho decantarse:

o el Pato Manuelito

o el castor Fernandito.

¡Con el ornitorrinco fue a juntarse!

EJERCICIO 1C. (…) MUNDO INFANTIL: ARGUMENTO DE LIBRO PARA NIÑOS DE 9-12 AÑOS – ANTONIO GALLOSO

 

EL DON DEL VIENTO

(TÍTULO PROVISIONAL DEL PROYECTO)

Por Antonio Galloso


RESUMEN DEL ARGUMENTO:

Aleixo es un niño de once años, oriundo de Lugo. Su infancia parece perfecta hasta el día en el que, durante lo que parecía ser unas pequeñas vacaciones al caserón de su abuela materna en el pueblo de Triacastela, descubre que sus padres han decidido separarse definitivamente debido a las continuas riñas entre estos. Incapaz de soportar tal idea, se escapa y acaba escondido en la Cueva de Eirós: una caverna cercana. Allí conoce sorprendentemente a un silfo de poca edad llamado Guthassem que, al igual que él, ha decidido huir de su familia; en este caso, de los brazos de su progenitor: un silfo hermafrodita. ¿La razón? Ha sido elegido por Paralda, el Señor del Aire, como futuro «líder» de su raza; y en consecuencia, su madre le ha instado a comportarse y actuar de una manera concreta con tal de obtener la inmortalidad, privándole de este modo de su libertad: aspecto esencial para los elementales del aire. Así pues, Aleixo comienza a entablar una amistad con Guthassem prometiéndole que lo mantendrá escondido a toda costa de su progenitor. Lo que no sabe ninguno de ellos es que los vientos huracanados que provienen del este no son efectos atmosféricos y/o climáticos pasajeros, sino que son productos del tutor de Guthassem, quien está dispuesto a usar todo su poder de silfo para recuperar a su pequeño… antes de que las demás razas elementales, ávidas por obtener la supremacía, le den caza: las salamandras, elementales de fuego; los duendes, elementales de tierra; y las ondinas, elementales del agua.

            Para poder vencer a los enemigos de Guthassem y soportar la implacable ira del silfo hermafrodita, Aleixo tendrá que aprender a canalizar el elemento aire a través de Guthassem para lograr controlar el viento, salvar al mundo de una devastadora fuerza de la naturaleza que amenaza con destruirlo todo y, sobre todo, defender a su nuevo amigo.

EJERCICIO 1A. (…) MUNDO INFANTIL: CUENTO SOBRE UN ANIMAL PARA NIÑOS DE 3-6 AÑOS – ANTONIO GALLOSO

 

UN CAMBIO PARA LALO

Por Antonio Galloso

 

El perro Lalo está muy asustado.

            Y nervioso.

            Y triste.

El perro Lalo no se encuentra bien. ¿Qué le pasa al perro Lalo?

Lalo es un perro pequeño, peludo, todo él de color canela. Eso sí, menos su lomo y sus patitas. Su lomo y sus patitas son de color blanco, como un suave algodón.

Lalo mide poco más que un balón de fútbol. Pero aun así es un perro grande, como su mimoso corazón. ¡Es un super perro! Me encantaría que lo vierais en acción… pero se encuentra tan mal que ha perdido todas sus cualidades.

Lalo tiene unos ojos pequeños y marrones. Son brillantes y llenos de vida, igual de iluminados que los míos cuando me monto en un tiovivo. Con ellos puede distinguir a sus amigos y amigas a metros de distancia. Aunque Lalo está tan asustado, nervioso y triste que ahora sus ojitos parecen dos pedruscos mojados dentro de ese transportín pequeño y gris.

Lalo también tiene un hocico alargado, agudo. Con él logra olisquear la hierba fresca de su zona de recreo: le encanta tumbarse cuando está mojadita. ¡Ah! Y, además, rastrea y halla su comida en un santiamén. Aunque Lalo está tan asustado, nervioso y triste que ya no puede oler la comida que le voy dando por la rejilla. ¡Será porque se va lejos de su hogar!

Igualmente, Lalo destaca, sobre todo, por sus largas orejas. Sus largas orejas llegan casi a la altura de sus patas, donde las almohadillas. Gracias a sus perspicaces oídos, Lalo puede escuchar con claridad cuándo su cuidador Roberto abre la reja para salir a jugar, o cuándo sus demás compañeros caninos ladran desde la otra punta. ¡También escucha a la primera el silbato que le avisa cuándo acaba el recreo, como me pasa a mí con el timbre del colegio! Aunque Lalo está tan asustado, nervioso y triste que no escucha mi voz y mis consuelos mientras le acaricio su frente con un dedo… por lo menos, hasta que el motor del coche se detiene.

Ahora Lalo ha llegado, con nosotros, a una casa enorme. Un hombre elegante, con corbata y una de esas chaquetas que dan mucho calor, nos recibe a Lalo, a mi padre y a mí. Tras él, un niño tímido me saluda. Enseguida se queda boquiabierto al observar el trasportín entre mis manos. Mira al señor elegante (debe ser su padre) y se acerca a mí con precaución. ¡Quizá le den miedo los perros! O quizá no le gusta Lalo al verlo asustado, nervioso y triste. ¡Ay, si conociera más a Lalo!

Pero espera… El niño, junto a mí y a Lalo, se ha puesto a llorar. Mira a su papá, luego a mí y luego a Lalo. Sin dejar de tener lágrimas en los ojos, llora. ¡Llora de emoción!

—Gracias, papá —dice el niño, abriendo el transportín sin pensarlo—. Es Lalo. ¡Es Lalo! ¡Ven, Lalo!

El niño coge a Lalo entre sus brazos y le da muchísimos besos. Luego, en compañía del señor elegante, papá, Lalo, el niño y yo vemos todo lo que tienen preparado, enumerándolo: Lalo tiene comedero propio; Lalo tiene una caseta enorme para él solo dentro y fuera de la casa; Lalo tiene un jardín enorme con un arenero…

Lalo tiene, al fin, un dueño. Y seguro que le querrá un montón. Y ya nunca jamás estará asustado, nervioso y triste.

 

Otra misión cumplida gracias a la protectora de papá.

Ejercicio 4 - Iluminada - sobre dibujo de T. Kadoura

 

 Ejercicio 4                                                                            Iluminada

 

El pájaro y la flor del cerezo – Dibujo de Kadoura

Para niñas de 10 a 13 años.

 

Querido diario hoy empiezo a contarte mis cosas, ayer cumplí doce años y eres uno de mis regalos. Me llamo Abril porque lo decidió mi padre al saber que nacería en primavera.

Hemos venido a pasar el fin de semana en el pueblo con mis abuelos. Los cerezos están abriendo sus flores. Nunca les di importancia, pero esta mañana me fijé y me parecieron preciosas y pensé cómo sería una diadema con esas flores, pero enseguida me vino al pensamiento la cara burlona de mi primo Luís, las guais de clase riéndose y mi hermana diciendo: “Qué femenina, qué cursi”.

Mi hermana, (se llama Alexia y se cree saberlo todo porque ya tiene quince años, cosa que desde ahora mismo te informo: ¡me pone negra!) también tuvo un diario y una vez se lo leí y me pareció buena idea tener uno. En lo poco que pude leer ponía “querido diario, hoy vi a Alberto en la parada y creo que me miró. Es tan guapo.” Y cosas así. Yo te voy a dejar siempre bien escondido para que nadie te lea y además las cosas importantes las voy a poner en clave, como me dijo Lucía que hace ella. Estoy inventándome un alfabeto.

Bueno, ya es tarde. Goodbye, au demain, arrivederci. Jejeje ¿Ves? ¡Soy políglota! La tía de Sol, que es monja y sabe francés e italiano, siempre que la vemos nos dice: “Niñas, tenéis que saber idiomas como yo. Saber idiomas abre puertas” ¿Qué puertas le habrá abierto a ella? Si casi no sale del convento. Ser monja me parece muy triste y aburrido. No enamorarse, no salir con amigos, no tener hijos.  

Ah, Sol es mi vecina y vamos al mismo colegio aunque ella es un año más pequeña que yo. Hasta mañana cher  ami.

 

Querido diario, pasó una semana sin escribirte. Estoy muy liada con los exámenes. Han pasado algunas cosas que ya te contaré otro día porque hoy tengo sueño. Bueno, te adelanto: Lucía empezó a salir con Mauro y no me hace ningún caso. Antes me daba la chapa continuamente con sus historias, ahora se pasa los recreos con él. No sé cómo puede ser eso. A mí también me gustan algunos chicos, pero me parece que no dejaría de lado a mi mejor amiga por mucho que me gustara un chico ¿O sí? Dice mi madre que hasta que no me ocurra no lo sabré. Yo no sé, me parece difícil que me pase. Pienso muchas cosas diferentes. A veces cuando veo alguna película romántica me parece que podría morir de amor y me quedo un tiempo que solo me falta ver lagartijas volando. Pero en la vida real los chicos me parecen tan raros. Me gusta Hugo, pero solo dice tonterías, le felicité el día de su cumple y casi ni me miró. Y otras veces viene a tirarme de la coleta y pone cara de estúpido.

¿Cómo se sabe cuándo estás enamorada de verdad? ¿Cómo sabré con qué chico casarme? No sé si querré casarme o solo estar de novios como mi tía Claudia. ¿Cómo sabré si es cierto que un chico me quiere? He oído que a veces te toman el pelo y que solo quieren toquetearte. A veces creo que no me enamoraré, aunque sí quisiera tener una familia. ¿Cómo les gusta que sean las chicas?

A casi todas mis amigas les ha venido la regla. Dice mi madre que van un poco adelantadas, que no me preocupe. Cómo será tenerla. Parece un incordio, aunque Sabina solo hace que pavonearse “ay, me va a venir, tú aun no sabes como es, claro.” Y se pone a comentar con Carmen que cosas usa o piensa usar para esos días. Cuando hablo de esto, mii hermana se ríe “ay la pobre, pero si eso no es nada, te acostumbras” y me revuelve el pelo, cosa que ¡¡¡o-di-o!!!

 

Hoy te voy a contar algo que no he dicho a nadie, pero a nadie-nadie: todavía me gusta jugar con las muñecas. Cuando me acuesto a veces juego con mi Barbie exploradora. El otro día casi me pilla mi hermana. No quiero ni pensar cómo lo comentaría. No pierde ocasión de ponerme en ridículo. La verdad es que yo suelo vengarme, pero otro día te digo cómo. Quería decirte eso de la Barbie y también otra cosa: miro a la Barbie y la veo monísima y me imagino aventuras: que vive sola en un apartamento bonito y viaja mucho y los chicos están por ella, pero ella no les hace caso. Pero otras veces la miro y me da rabia ese cuerpo con cinturita y piernas delgadas y tan largas. Nunca seré así. No tengo cinturita y mis piernas son cortas. ¿Me crecerán las tetas de una manera bonita? Me hace ilusión usar sujetador. Me veo súper plana.

He pasado la tarde enfadada y lloré un montón. ¡No soporto a mi madre! Un grupo de chicos que no son del colegio, amigos de Hugo, iban a montar una fiesta. Él me invitó, dijo que llevara cosas de picar, que iríamos a pasar la tarde a la orilla del río. Le pedí a mi madre dinero para comprar algunas cosas y que hiciéramos unos sándwiches, y me dijo que ni hablar, qué quienes eran esos, que no los conocía, que soy pequeña para hacer botellón ¿pero qué botellón? Nadie ha dicho que sería botellón. Ella me dijo que soy muy inocente, que eso es un botellón y que me han invitado para llevarles la comida. ¡¿Será mal pensada?! Mal pensada y además ¡me ve como una estúpida! Me he encerrado en mi habitación. ¡¡¡No pienso hablarla jamás!!!

 

Va a resultar que mi madre siempre tiene razón ¡Qué rabia! ¡No la soporto! Mauro, el ex de Lucía, nos contó que el día de la fiesta en el río se encontró con Hugo muy borracho, vomitando cerca de su casa. No sabía si alegrarme de no haber ido o si enfadarme con él. Decidí que las dos cosas. ¡Qué idiota! No le pienso volver a hablar.

Hoy estábamos en el recreo Lucía, Sara y Jimena haciendo el cabra y me torcí el tobillo. Llamaron a mi madre y vino a recogerme. ¡La a-do-ro! Me ha cuidado un montón, hablamos de cosas de chicas, me contó historias de cuando tenía mi edad, me dio muchos mimos. ¡Es la mejor mamá del mundo!

¡¡¡Ufff!!! Han pasado meses. Bueno, no tanto, me parece que hace un siglo que no te escribo. Me vino la regla. Mi abuela me dijo “Ahora ya eres una mujercita, tienes que asentar esa cabecita y ser juiciosa, ya sabes…”. Ella todo lo acaba en ita. Mi madre estaba delante y le dijo “Abril ya sabe como comportarse”. Me gustó mucho que lo dijera, pero me quedé pensando a qué se refería.

Esta tarde salí al balcón y en el suelo había un pajarillo que parecía muerto. Lo cogí. Aún vivía, el corazón le latía muy rápido, estaba asustado. Mi padre le curó una herida que tenía en un ala. Le tenemos en una caja de cartón. Lo estoy cuidando. Es una monada. Es como una bolita de color pardo, pecho blanco, con manchas marrones. Mi padre dice que habrá chocado con algo, que estará aprendiendo a volar. Le llamo Campeón para que se anime. (Ya sé que los pájaros no entienden, pero…). Mi hermana me dice que no me encariñe que tendrá que irse. ¡Ya lo sé! ¡Qué pesada!

Han pasado cuatro días. He sacado la caja al balcón para que le diera el aire. La herida ya ni se nota. Le dejé sin la tapa y fui a por agua. Cuando volví estaba sobre la barandilla. Llegué a tiempo de verle como subía volando. Se metió entre las ramas de uno de los árboles de la calle y ya no le vi. “Adiós Campeón, que seas feliz”, dije bajito. ¡Qué pena me dio ver la caja vacía!

 

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EJERCICIO 3-B RELATO DE DOS NIÑOS Sonia Corcelle

 

NUBES Y PELOTAS

 

 

 

                  Iris lleva en la mirada la esponjosa suavidad de las nubes. Esas nubes dulces que me chiflan. Cabalga sobre palabras largas que se inventa o que rescata de alguno de los cuentos que lee a escondidas sobre las rodillas en el fondo de la clase. Otras las sigue diciendo su abuela pero como es muy viejita, alguien las tiene que adoptar antes de que sea tarde. Así descubrí “archiperres”, “cuchipando”, “zorrocloco” y otras tantas. “¡No te acoquines, alfeñique!”, me dijo ayer con un guiño. Y yo no sabía si era un cumplido o si se estaba burlando. Cuando me canso, la dejo a horcajadas sobre algún vocablo y me escapo hacia el patio para dar pelotazos. Yo es que soy un chico de acción. 

 

                  Mi relación con el balón es pasional. Nací con la cabeza redonda como una pelota, y “¡vaya pelota la tuya!”, me repite mi madre. “ Diez horas dilatando y no había forma. Al final te tuvieron que sacar con unas pinzas enormes”. Esta imagen me obsesiona un poco: mi cabeza pelotera apretada entre estas dos grandes cucharas para ensalada, como me las describió mi madre, me parece una forma un poco brutal de invitarme a salir. Y no me extraña que, después de este bloqueo inicial en el camino de la vida, mi obsesión sea correr y correr tras el balón.

 

                  Cuando la campana toca el final del recreo, sudoroso y jadeante me vuelvo a sentar en el fondo de la clase, al lado de Iris. No se le ha descolocado ni un pelo a pesar de sus viajes siderales. Su cabeza irradia luz y sus ojos chisporrotean con picardía. Estas  últimas palabras me las contagió ayer. Este es el riesgo de estar sentado a su lado. Tengo pocas defensas y todo se me pega. Esto dice mi madre. Cuando sucede me entra un estado febril y al día siguiente caigo seguro. Lo malo es que con tantas palabras nuevas en la cabeza, creo que corro menos y se me escapa más el balón. Pero también es cierto que cuando estas palabras salen de mi boca me siento como más listo. Si las repito en casa, se alarma mi madre:  “A este chico le ha dado algo”, dice y me toca la frente. Me fastidia el gesto y me escaqueo hacia la habitación pero también me gusta verla preocupada por mí.

 

                  Hay palabras que pican, otras que rascan pero todo es acostumbrarse. Es como cuando te sale una muela nueva. Al principio la sientes enorme en la boca y la lengua tropieza una y otra vez con ella pero enseguida la haces tuya y seguro que las echarías de menos si se cayera. Lo mismo me pasa con las palabras contagiadas. Las noto extrañas pero se aferran y luego ya ni las siento. Y terminamos hablando Iris y yo con nuestro código secreto.