domingo, 3 de julio de 2022

Ejercico 2B - Cuento - Iluminada

 

Ejercicio 2B – Cuento – Iluminada

 

Una versión de los tres cerditos

 

Estos eran tres cerditos que, estando ya muy mayor su madre, les pidió que se buscaran su propia casa, pues ella ya no puede hacerse cargo de ellos. Así que se marcharon a buscarse la vida en el boque.

Lo primero que necesitaban era una casa. El más pequeño lo resolvió rápido construyéndose una choza de paja. Pero… ay, ay, ay… no contaba con que por allí había un gran lobo para quien un cerdito como él era un manjar muy apetecible. Así que a los pocos días, el lobo con su fino olfato percibió que había unos suculentos jamones y chuletas por los alrededores. Reunió leña y preparó el horno. También dejó lista una guarnición de patatas pasadas por mantequilla. Cuando todo estuvo a punto, salió al encuentro de lo que le indicaba su nariz. Se topó con la choza de paja del cerdito, se relamió, pegó un gran soplido y el pobre cerdito asustado corrió como alma que lleva el diablo, se metió en un lodazal y así despistó al lobo que se quedó con todo compuesto para nada y solo pudo cenar patatas.

El cerdito fue donde su hermano mediano, que río abajo se había construido una caseta de madera.

Pasaron unos días y el lobo paseando por aquí y por allá, como suelen hacer los lobos por el bosque, vio la caseta y observó que de allí entraban y salían dos cochinos; se agazapó a esperar la noche para pillarles desprevenidos. El sabroso olor que percibía le hacía soñar con recetas: que sí asados con unas cebollas, que si al estilo provenzal,… concluyendo que, como no había preparado el horno, aunque fuesen crudos estaría la mar de bien. Dicho y hecho, al oscurecer se plantó delante de la caseta y fanfarroneó: “ja ja ja, os pillé, estáis atrapados mis queridos y suculentos marranitos. Voy a soplar y esta casucha ¡pasará a la historia! Pegó un par de soplos huracanados y la derribó, pero su fanfarronería hizo que, advertidos, los dos hermanos escaparan por una puerta de atrás y corrieron al lodazal cercano (por cierto, que sepáis que los cerdos siempre se establecen cerca de un lodazal) para impedir que el lobo les encontrara por el olfato. Este, con todo su fastidio se largó con viento fresco y las tripas rugiéndole de hambre.

Los dos cerdos, pasadas unas horas temblequeando de miedo corrieron donde el hermano mayor que, siendo más sensato, concienzudo y trabajador, había construido con bastante esfuerzo una casa con piedras cerca de una colina. Cuando llegaron, les recibió encantado. “Queridos hermanitos, no os preocupéis, tenemos sitio de sobra, ya os ayudaré a construir vuestras casas así de bien hechas como esta”. Muy contentos estaban una noche cuando el lobo de marras por allí apareció alardeando de su soplido.

El hermano mayor dijo: “no os preocupéis, quedaros quietos detrás de la puerta”. Puso su tabla de skate tras de sí y abriendo la puerta le dijo al lobo: ¿Qué le pasa, qué quiere Ud.?” el lobo desconcertado, por un momento no supo qué decir ni hacer. Solo pensó: “¡Qué raro, no me tiene miedo! ¿Será bobo?”. El cerdito le dijo: “Pase, pase, no se quede ahí”. En cuanto el lobo dio un paso, el cerdo se retiró y la pata siguiente del lobo pisó la tabla con ruedas y salió zumbando, atravesó la casa, chocando con la dura pared del fondo, dando un grito que parecía un chirrido, a continuación escupió todos los dientes. “Fefudo movafo me he dado”, acertó a decir, aún atontado.

“¡Ay! Ahora ya no puedes comer carne, qué pena” – dijo el cerdo mayor con las manos en jarras. “Te propongo una cosa que te va a interesar: si nos ayudas a construir con tu gran fuerza casas de piedras, cada día te haré sopas y gachas y no tendrás hambre”. El lobo desdentado y apesadumbrado vio en ello una buena solución a su feroz apetito.

Y fue así como construyeron toda una urbanización para animales que necesitaban protegerse de los lobos que conservaban sus dientes.

 

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